Las últimas gotas de lluvia cesaban
En la tarde triste y en el cielo gris.
El mar, muy cerquita, su amor nos cantaba
Mientras avecillas en las enramadas
Silbaban a coro una canción feliz.
Las piedras situadas al pie del camino
Lucían sedosas y llenas de luz.
La hierba, aún mojada, semejaba el lino,
La brisa soplaba, todo era divino
Y allá entre las nubes había un claro azul.
La noche caía, así, poco a poco,
Sin que perturbara nuestra soledad.
Vivimos entonces un romance loco
Y cuando posaste en mi pecho tu rostro,
Tenía tu pelo olor a humedad.
Tus ojos brillaban al mirarme toda.
El deseo en ellos me hacía temblar,
Me abrazaste duro, me besó tu boca,
Sentí fallecer con tus caricias locas
¡Y lloré en silencio de felicidad!