Ayer presentí en tus ojos un halago
Que hizo estremecerme de alegría.
La luna reposaba sobre el lago
Y tú, junto a mi lado, sonreías.
No sé cuándo pasó, ni en cual instante
Sentí sobre mis labios tus caricias.
Pero pude apreciar aquel constante
Latir del corazón con avaricia.
Cesó un instante la fogosa dicha
Al quedarme entre tus brazos vacilante.
Murió en tus labios la feliz sonrisa
¡Y ya no tuve más miedo de amarte!