Que abruma mi corazón
Y a mi mente loca asombra
Con embrujo de canción.
Triste noche que al recuerdo
De tu voz ronca y viril,
Me lleva al ansiado credo
De tenerte junto a mi.
La luna clara y distante
Que en una nube se esconde,
Me oculta por un instante
Tus cabellos en desorden.
La brillantez de tus ojos
Alumbra mi oscuridad
Y renace en mí el antojo
De decirte mi verdad.
De lejos llega la música
Como preciado calmante
Y la noche es una túnica
Bordada con mil diamantes.
El mar ruge a nuestras plantas
Y nos envuelve el amor,
La triste noche nos canta
Con su inquietante candor.
De nuevo tomas mis manos
Y me vuelves a besar.
¿Para qué, si todo es vano?
¡Muy pronto me olvidarás!
Ya qué importa mi reproche,
Toma de nuevo mis besos
¡Que canta la triste noche
Con su igual triste embeleso!
